Hay una pregunta que Oskar Schlemmer se hizo durante años y que la mayoría de los artistas de su tiempo prefirieron ignorar: ¿qué le pasa al cuerpo humano cuando lo sometes a la geometría? No como metáfora. Literalmente.
La respuesta llegó el 30 de septiembre de 1922 en Stuttgart. Tres bailarines. Doce danzas. Dieciocho trajes. Y una obra que no se parecía a nada que el mundo hubiera visto sobre un escenario.
Columnista: Yael Hervert | Tampa, FL | Junio , 2026
El problema del cuerpo
Schlemmer no era coreógrafo. Era pintor, escultor y diseñador, obsesionado con una idea que la Bauhaus haría suya: que el arte no debía decorar la vida moderna sino reorganizarla. Y el cuerpo humano, con toda su carga expresiva y sentimental, era el último territorio sin ordenar.
La idea del Ballet Triádico comenzó a tomar forma en 1912, cuando Schlemmer conoció a los bailarines Albert Burger y Elsa Hötzel. Cuatro años después, en plena Primera Guerra Mundial, presentó los primeros bocetos en un evento de beneficencia de su regimiento en Stuttgart. La guerra no fue un paréntesis en el proyecto: fue parte de su contexto. Schlemmer observó de cerca cómo el cuerpo humano podía ser industrializado, serializado y desechado, y respondió a ese horror no con un grito sino con algo más perturbador: con orden. Con geometría. Con la proposición de que tal vez el cuerpo necesitaba ser repensado desde cero.
El Ballet Triádico fue su intervención sobre ese territorio.
El traje como destino
Los trajes que Schlemmer diseñó no buscaban liberar el movimiento sino transformarlo. Construidos con materiales poco convencionales —láminas metálicas, madera contrachapada, alambre, goma— convertían a los intérpretes en figuras abstractas: esferas que volvían las caderas en planetas, cilindros que transformaban los brazos en palancas mecánicas, conos que hacían de las piernas instrumentos de precisión. Los bailarines no interpretaban personajes. Se convertían en objetos con voluntad propia: esculturas que de pronto habían aprendido a desplazarse.
El proceso de creación era revelador. Schlemmer diseñó primero los trajes y luego buscó la coreografía que correspondía a ellos. La forma dictaba el movimiento, no al revés. Como él mismo lo describió: “Primero vino el traje, la figurina. Luego vino la búsqueda de la música que mejor les conviniese. La música y la figurina llevaron a la danza. Ese fue el proceso.”
Para la música del estreno de 1922 se usaron piezas preexistentes. Sería hasta 1926 cuando Paul Hindemith compuso una partitura original para la obra, que según los registros de la época oscilaba entre lo grotesco y el patetismo, añadiendo una dimensión espiritual a la puesta en escena.
Tres actos, tres mundos
El título no es arbitrario. Todo en la obra gira alrededor del número tres: tres bailarines, tres actos, tres atmósferas que avanzan de lo ligero hacia lo inquietante. Incluso el espacio escénico estaba concebido en tres dimensiones —altura, profundidad y anchura— y los trajes se construían a partir de tres formas básicas: esfera, cubo y pirámide.
El primer acto ocurre sobre fondo amarillo limón. El tono es burlesco, casi circense. Las figuras se mueven con una torpeza calculada que recuerda más a los autómatas de feria que a los bailarines del Bolshoi.
El segundo acto cambia todo. El rosa domina el escenario y el ambiente se vuelve ceremonial, festivo, casi ritual. Las mismas formas geométricas adquieren un peso distinto. Ya no son juguetes: son ídolos.
El tercer acto es el más extraño. Fondo negro. Figuras que brillan en la oscuridad. Lo que comenzó como experimento formal termina rozando lo místico, lo fantástico, lo que no tiene nombre todavía.
Schlemmer describió este juego de contrastes como una exploración de las ideas nietzscheanas de lo apolíneo y lo dionisíaco: la forma estricta y controlada frente al impulso emocional y expresivo. Una obra que era, en sus propias palabras, “matemáticas metafísicas artísticas.”
Una máquina para pensar
MoMA señaló que construir sobre múltiplos de tres “trascendía el egoísmo del individuo y el dualismo de la pareja, enfatizando lo colectivo.” Esta lectura no es menor. El Ballet Triádico rompía con otra tradición del ballet clásico: su obsesión con el solista y el dueto. Aquí, la unidad mínima era el trío. El individuo solo existía en relación con los otros.
En ese sentido, la obra puede leerse también como una reflexión política sobre la modernidad. En plena era de industrialización, Schlemmer imaginó al ser humano como parte de un sistema ordenado de formas y relaciones espaciales. Sus personajes, a medio camino entre máquinas, marionetas y esculturas ambulantes, anticiparon muchas de las preguntas visuales que el arte contemporáneo no termina de resolver: ¿dónde termina el cuerpo y empieza el diseño? ¿Puede haber expresión sin rostro? ¿Qué queda de la danza cuando le quitas la emoción y le dejas solo la estructura?
Lo que dejó
Paradójicamente, el Ballet Triádico no fue celebrado en vida de su creador. Schlemmer murió en 1943 sin ver el reconocimiento que vendría décadas después. Fue hasta 1977, con la reconstrucción del coreógrafo alemán Gerhard Bohner —comisionada por la Academia de las Artes de Berlín— que la obra encontró su lugar en el canon de la vanguardia escénica.
Hoy, nueve de los dieciocho trajes originales sobreviven, siete de ellos resguardados en la Staatsgalerie de Stuttgart. Son, según cualquier curador que los haya visto de cerca, algunos de los objetos más extraños y futuristas que el arte del siglo XX produjo.
Su influencia es difícil de trazar porque es enorme y silenciosa. Está en cualquier artista que haya tratado al cuerpo humano como material visual antes que como vehículo emocional. En la moda experimental, en la escenografía contemporánea, en las artes performativas. En todo lo que se mueve entre la forma y la carne.
Más de cien años después de su estreno, la obra sigue sin pertenecer a ningún género. Sigue siendo inclasificable, incómoda, incluso un poco amenazante.
Eso, en el arte, es la mejor señal de que algo funcionó.
Referencias
• Schlemmer Theatre Estate. The Triadic Ballet. schlemmer.org/triadic-ballet
• Wikipedia. Triadisches Ballett. en.wikipedia.org/wiki/Triadisches_Ballett
• Wikipedia. Oskar Schlemmer. en.wikipedia.org/wiki/Oskar_Schlemmer
• The Art Story. Oskar Schlemmer: Paintings, Bio, Ideas. theartstory.org/artist/schlemmer-oskar
• Staatsgalerie Stuttgart. Moved by Schlemmer. 100 Years of Triadic Ballet. staatsgalerie.de
• Saint Louis Art Museum. The Bauhaus and its Legacy: Oskar Schlemmer’s Triadic Ballet. slam.org/exhibitions/schlemmer-bauhaus
• Artforum. Oskar Schlemmer’s Performance Art. artforum.com
• DailyArt Magazine. Modernity in Motion: Bauhaus’ Triadic Ballet. dailyartmagazine.com
• Seeing Dance. Strange and futuristic: 100 years of The Triadic Ballet. seeingdance.com
• MoMA / The Getty Research Institute. Schlemmer’s The Triadic Ballet. getty.edu
• This is Colossal. Enjoy the Brilliant Ballet that Brought Dance to the Bauhaus Movement. thisiscolossal.com
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