Comenzar un nuevo año suele venir acompañado de listas, propósitos y exigencias. A veces queremos cambiarlo todo de golpe, como si la transformación fuera una carrera. Este 2026, me estoy proponiendo algo distinto: volver a lo esencial y ser coherente. Habitar hábitos que no solo cuiden mi cuerpo, sino que también colaboren a sanar la Tierra. Porque no hay bienestar individual posible en un planeta enfermo.
Antes creí que sanar era algo íntimo, casi privado. Que se trataba de terapia, disciplina, alimentación o espiritualidad. Hoy comprendo que sanar tu cuerpo es un acto profundamente político, ecológico y amoroso. Cada decisión cotidiana es un gesto que puede reproducir la violencia del sistema en ti misma o sembrar una forma distinta de estar en el mundo.
Sanar el cuerpo y sanar la Tierra no son caminos separados. El cuerpo es territorio. Y la Tierra es un cuerpo vivo.
Volver al ritmo natural
Uno de los primeros hábitos que estoy cultivando, es el respeto por los ritmos . No sobre exigirme, descansar cuando llega mi periodo de luna roja. Escuchar mis ciclos físicos, emocionales y honrarlos. La productividad constante nos ha desconectado de la sabiduría de los ciclos.
Cuando respetamos nuestros ritmos, también dejamos de exigirle a la Tierra una producción infinita. Escuchar al cuerpo y descansar sin hacer nada productivo es un acto ecológico. Imagino que mi lugar ideal en este punto de los ritmos, sería dormir y despertar con la luz del sol como los pajaritos.
Alimentación consciente y agradecida
No se trata de perfección ni de etiquetas, sino de presencia. Elegir alimentos locales, de temporada, reducir el consumo de procesados, de alimentos envueltos en plástico o comprados en tiendas que lo único que venden es contaminación para el cuerpo y la Tierra. Entre más natural, orgánico y sin residuos que luego contaminarán mejor. Preguntarme de dónde viene lo que como y a qué costo, y si puedo hacerlo con mis propias manos. También algo que me pasa mucho es realmente comer para nutrirme, no para llenar vacíos emocionales de algo que no estoy atendiendo.
Cada vez que elijo con conciencia, voto por un sistema más justo y amoroso. Alimentar el cuerpo también es nutrir el suelo, el agua y las manos que cosechan.
Menos consumo, más vínculo
Otro hábito que estoy practicando es consumir menos y elegir mejor. Reparar, reutilizar, intercambiar, crear por mis propias manos. Preguntarme antes de comprar: ¿realmente lo necesito?, ¿esto honra la vida?
El consumo desmedido nace del vacío. El vínculo profundo con nosotras mismas y con la Tierra nos devuelve la sensación de ya ser suficientes.
Habitar la práctica espiritual en el cuerpo
La espiritualidad que no se encarna se vuelve evasión. Mi intención para este año es sostener prácticas que me devuelvan al cuerpo: yoga, meditación, escritura, nadar, caminatas en la naturaleza, hacer arte, escuchar mi silencio.Escuchar lo que el cuerpo dice antes de enfermar.
Muchas veces nos enroscamos en producir más, más y más y más…cuando en realidad lo que más necesitamos es ser humanos y disfrutar de nuestra existencia.
Cuando habitamos el cuerpo con presencia, dejamos de explotarlo. Y cuando dejamos de explotarnos, dejamos de explotar la Tierra.
Comunidad y cuidado mutuo
Sanar no es un camino solitario. Crear comunidad, círculos de palabra, espacios de escucha y acompañamiento es parte esencial del proceso. El individualismo nos enfermó; el tejido nos sana. Cuidarnos entre nosotras es una forma concreta de cuidar la vida.
Coherencia antes que perfección
No escribo desde un lugar ideal, estoy en el proceso de restaurar mi propio territorio. Escribo desde el intento honesto, desde la práctica imperfecta, desde el aprendizaje diario. Mi compromiso este 2026 no es hacerlo todo bien, sino hacerlo con coherencia. Que lo que pienso, siento y hago camine en la misma dirección.
Pequeños hábitos sostenidos pueden transformar mundos.
Sanar el cuerpo es recordar que somos naturaleza.
Sanar la Tierra es recordar que somos cuerpo.
Que este año sea una siembra amorosa.
Para todos los humanos.
Para la vida que permanece. 🌿
Con mucho cariño
Una flor del desierto potosino adaptándose al río, al mar y al manglar de la costa de oaxaca.
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Me resuena tanto 💛