Límites que sanan: del trauma al amor propio
Cuando los límites se vuelven puentes hacia relaciones más conscientes
Poner límites no es distanciarse, es acercarse desde la autenticidad. Lejos de ser muros que separan, los límites son puentes hacia relaciones más sanas, vínculos más conscientes y una vida interior más serena. Aunque muchas veces se los percibe como un acto de rechazo o egoísmo, los límites bien establecidos son una forma profunda de amor, tanto hacia uno mismo como hacia los demás.
Desde la psicología, los límites son esenciales para el bienestar emocional. Desde la espiritualidad, son una forma de proteger nuestra energía vital. Este artículo propone un viaje hacia la comprensión, revisión y sanación de nuestros límites, especialmente cuando han sido moldeados por el trauma o el miedo.
La psicóloga clínica Nedra Glover Tawwab, autora del libro “Set Boundaries, Find Peace”, afirma:
“Los límites son expectativas y necesidades que ayudan a sentirse seguro y cómodo en las relaciones. Establecerlos es una expresión de autoestima y claridad”.
Desde esta perspectiva, un límite saludable permite mantener relaciones donde no hay sacrificio de identidad, desgaste emocional o desbordes constantes. La ausencia de límites suele estar asociada a ansiedad, resentimiento, burnout, e incluso síntomas depresivos.
Melanie Klein, pionera del psicoanálisis, hablaba de cómo el niño, desde etapas tempranas, necesita desarrollar una noción clara del “yo” frente al “otro”. Cuando los límites son difusos, no solo se pierde esta separación sana, sino también el sentido de identidad y autonomía.
¿Por qué cuesta tanto poner límites?
Muchas veces, los límites aprendidos en la infancia no son límites saludables, sino mecanismos de supervivencia. Si crecimos complaciendo para evitar el abandono, silenciándonos para evitar conflictos, o fusionándonos con el otro por miedo al rechazo, es probable que hoy los límites nos generen culpa, ansiedad o miedo.
Según la psicóloga Gabor Maté, experto en trauma y adicciones:
“Lo que llamamos personalidad, muchas veces es solo una colección de mecanismos de defensa adquiridos en la infancia para sobrevivir a situaciones emocionalmente dolorosas”.
Y esos mecanismos incluyen la dificultad de decir “no”, de priorizarnos o incluso de reconocer lo que necesitamos. Aquí es donde entra la importancia de reescribir nuestros límites desde el adulto consciente.
Los límites pueden ser de distintos tipos:
• Físicos: contacto, espacio personal, necesidades corporales.
• Emocionales: lo que sentimos, lo que no estamos dispuestos a tolerar.
• Mentales: creencias, opiniones, capacidad de disentir sin culpa.
• Espirituales: respeto por nuestras prácticas, intuiciones y espacios sagrados.
Una señal de que un límite no está siendo respetado es la incomodidad persistente, el resentimiento o la necesidad de “desaparecer” para recuperar energía. Si necesitas retirarte para no colapsar, probablemente estás sosteniendo vínculos sin límites claros.
Poner límites es un proceso, no un acto aislado. Aquí algunas claves para comenzar:
1. Reconoce tu derecho a tener necesidades.
No necesitas justificar por qué algo no te hace bien. Tu malestar es una señal válida.
2. Sé claro y directo.
No se trata de ser rudo, sino de ser honesto. Por ejemplo: “Prefiero no hablar de este tema ahora, necesito tiempo para procesarlo”.
3. Tolera la incomodidad inicial.
Si siempre complaciste, poner límites generará conflicto. Pero el conflicto no es peligroso: es una oportunidad de reorganizar la relación.
4. Sostén tu decisión desde el amor.
No necesitas defenderte ni convencer al otro. Basta con sostenerte.
Desde una mirada espiritual, el límite no solo protege lo psicológico, sino lo energético. Tu tiempo, tu cuerpo, tus emociones y tu espacio interno son templos. La práctica de poner límites también puede convertirse en un ritual: una forma de honrar tu valor y tu conexión con lo sagrado.
Puedes usar afirmaciones como:
“Merezco relaciones donde pueda ser yo misma sin miedo.”
“Mis límites son un acto de amor y protección.”
“Confío en mi sabiduría interior para discernir lo que me nutre.”
También puedes visualizar un círculo de luz a tu alrededor, un escudo energético que filtra lo que llega, y te recuerda que estás a salvo en ti.
Reescribir nuestros límites es un acto terapéutico y espiritual. Es sanar las partes de nosotras que aprendieron que poner un límite era ser egoísta, mala, o no merecedora de amor. Hoy, desde la conciencia, elegimos protegernos no desde el miedo, sino desde el amor propio.
Decir “no” puede ser el primer paso hacia una vida más libre, más auténtica y más en sintonía con lo que realmente somos.