Se supone que la geometría es cosa seria. Pertenece a la vanguardia, a los manifiestos y a los museos. Los gatos, en cambio, pertenecen a internet, al sillón de la sala y a la caja de cartón junto a la puerta.
Marina Imar trabaja justo donde esos dos mundos chocan. Su proyecto en curso, Geometric Cat Art, construye gatos con planos, ángulos y campos de color plano, y los coloca en un Japón inventado de ceremonias del té e interiores silenciosos. Empezó como pintura sobre lienzo en 2018 y, en 2026, se convirtió en un proyecto digital propio.
La pregunta que plantea su obra es sencilla: ¿puede un gato sostener una idea seria sin dejar de ser gato?
Los primeros gatos
El proyecto nació con un puñado de bocetos en 2018. A Imar ya le interesaba reducir temas cotidianos a formas geométricas, y los gatos resultaron la prueba perfecta.
El reto que se impuso fue preciso: ¿hasta dónde se puede simplificar una forma antes de que el animal desaparezca? En su postulación a Catarxis lo describe como un equilibrio. Con muy pocas formas, la imagen pierde carácter. Con demasiados detalles, la geometría se debilita.
Lo que mantuvo vivos a los gatos fue su comportamiento. Un gato escondido en una caja, sentado junto a otro o simplemente mirando el cuarto se volvió, en sus palabras, un personaje “y no solo un tema”.
Un cuadrado y un gato
El perfil de Imar en la plataforma Artmajeur lleva un lema breve: “Only Avant-garde!” (“¡Solo vanguardia!”). Una de las pinturas que aparecen ahí se titula, en ruso, Gato rojo y cuadrado negro.
Es difícil leer ese título sin pensar en Kazimir Malévich, cuyo Cuadrado negro (1915) se volvió una de las imágenes fundacionales del arte abstracto. Imar no explica la referencia en el material que nos envió. Pero el título señala la tensión que atraviesa toda su obra: el gesto más radical de la pintura moderna, junto al animal más doméstico que existe.
Ella resuelve esa tensión con juego. “No tengo que elegir entre estructura y juego”, escribió. La geometría le da orden a la obra; los gatos aportan humor e imprevisibilidad.
Un Japón inventado
La segunda capa del proyecto es Japón, o mejor dicho, un Japón propio. A Imar la atraen los interiores japoneses, la sencillez gráfica, el sentido del espacio y lo que ella llama la belleza de las cosas ordinarias. Aclara que no intenta representar el país de forma literal.
Lo llama su “cuento de hadas personal y un poco imaginario sobre Japón”. En Tea Ceremony (Ceremonia del té), un acrílico sobre lienzo de 2024 que aparece en su perfil de Artmajeur, los gatos participan en uno de los rituales más codificados de la cultura japonesa.
Esa manera de mirar tiene una larga historia. En el siglo XIX, los grabados japoneses transformaron la forma en que los artistas europeos entendían la superficie plana, la línea y la composición. Los gatos de Imar pertenecen a esa tradición de forasteros que imaginan Japón, con una diferencia: ella lo dice abiertamente.
Del lienzo a la pantalla
En 2026, Imar llevó el proyecto al arte digital. Su principal preocupación era que las obras nuevas no se volvieran copias de las pinturas. Las piezas digitales, escribió, son “una continuación independiente” del mundo que empezó en el lienzo.
El nuevo medio le dio espacio para construir interiores, situaciones y pequeñas historias alrededor de cada personaje, y para trabajar con más libertad la escala y el color. Obras como Cat Time-2 (2026) hoy se ofrecen como impresiones, junto a sus pinturas originales.
La lección que saca del cambio es que pasar a otro medio no significa empezar de cero. Significa encontrar nuevas posibilidades dentro de un lenguaje construido a lo largo de ocho años.
Lo que estos gatos tienen en común
Si se mira con atención, todos los gatos del mundo de Imar hacen lo mismo: cargan una estructura rigurosa sin dejar que se note primero. Ella quiere que el espectador reconozca al gato, entienda su estado de ánimo y quizá sonría, antes de darse cuenta de cómo está construida la imagen.
Ese orden importa. La vanguardia le pedía a la gente mirar un cuadrado y pensar. Imar le pide mirar un gato, sonreír y solo después ver el cuadrado.
Según la artista, sus pinturas ya están en colecciones privadas de diez países, de Finlandia a Australia. “Me gusta pensar que mis gatos han viajado mucho más lejos que yo”, escribió. La geometría, al parecer, viaja bien.
Las citas de Marina Imar provienen de su postulación por escrito a la convocatoria de Catarxis, en inglés; traducción de Catarxis. Versión original en inglés publicada en The Catarxis Journal.
Fuentes primarias
Marina Imar, postulación a la convocatoria abierta de Catarxis, 2 de octubre de 2026.
imarart.com, sitio oficial de la artista.
Lectura crítica recomendada
Archivos e instituciones
Galería Estatal Tretiakov, Moscú, que resguarda el Cuadrado negro original (1915), expuesto por primera vez en la muestra 0,10 en Petrogrado, además de una versión de 1929.
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